Nosotros

 

El tutor y sus alumnos del segundo tramo de Educación Primaria que deseamos utilizar la red para algo más que jugar, chatear y perder el tiempo. Pero no perderemos de vista que podemos jugar y chatear sin necesidad de desperdiciar la vida. Nuestra vida y la de los compis vale mucho: es preciosa y única: IRREPETIBLE. Tenemos todo el tiempo del mundo para hablar con los compañeros cara a cara, trabajar y jugar con ellos. Enfadarnos y pedir perdón. Aprender que la vida es roce, contacto, pasión por los demás. No tener miedo a perder de nosotros para ganar a los demás. Y sobre todo amar lo bueno que hay en todos y cada uno de nosostros.
¡Mañana seremos mejores!

Lo que quiero ser de mayor

 

Valores para maestros (y para padres)

Una de las actividades humanas con mayor trascendencia e impacto en la sociedad es, sin lugar a dudas, la labor docente. Por esto, es importante considerar que toda persona con las funciones de un maestro, tiene una responsabilidad ante sí y ante los demás que va más allá de transmitir únicamente conocimientos.

El maestro o instructor que ha logrado influir positivamente en las personas bajo su tutela -sin importar la edad de los alumnos o el área de conocimiento-, seguramente debe el éxito de su trabajo, a la calidad humana que vive y hace vivir dentro y fuera del aula; desgraciadamente, el amplio bagaje cultural y de conocimientos muchas veces es insuficiente para realizar una labor educativa eficaz.

Objetivamente hablando, el maestro se encuentra en un escaparate donde su auditorio está atento al más mínimo detalle de su personalidad, bueno o malo, por lo cual, tiene una inmejorable posición para lograr un cambio favorable en la vida de los demás.

Además de la elocuencia, el grado de especialización y el manejo de las herramientas didácticas, todo maestro debe considerar como indispensable vivir los siguientes valores:


Superación

Posiblemente una de las palabras que más se utilizan en un centro educativo, es precisamente el superarse, y cada vez que un profesor dedica parte de su tiempo para lograr este cometido, todo su esfuerzo se traduce en acciones concretas, por ejemplo, aprende e implementa nuevas técnicas de enseñanza o utiliza el propio ingenio para el mismo fin; comenta temas de actualidad relacionados con su materia; comparte experiencias personales; sugiere y ofrece puntos de vista respecto a las lecturas, películas, espectáculos; posee conocimientos de historia y cultura general; busca relacionarse con las nuevas tecnologías: internet, e-mail y el chat para orientar sobre sus riesgos y beneficios... podría decirse que en su clase siempre hay algo nuevo que comentar.

El aspecto humano es un factor que no debe descuidarse, al menos deben tenerse nociones básicas de la filosofía del hombre, ética, relaciones humanas, etapas físicas y psicológicas en el desarrollo de los seres humanos, caracterología, etc. como herramientas indispensables.

La superación comprende el esfuerzo personal por mejorar en hábitos y costumbres, en otras palabras: conocer y vivir los valores humanos.


Empatía

Aunque la vocación para enseñar supone un genuino interés por los demás, son acciones concretas las que permiten vivir mejor este valor:

Se demuestra empatía al prestar la misma atención a todos los alumnos, exista o no afinidad; dedicando un par de minutos a charlar individualmente con cada uno de los alumnos, para conocer mejor el motivo de su inquietud, desgana, indiferencia o bajo rendimiento; ofrecer la ayuda, medios o herramientas necesarias para mejorar su rendimiento, calidad humana o integración al grupo.

Por otra parte, las muestras de empatía pueden ser tan simples como sonreír, felicitar por el esfuerzo continuo o un trabajo bien realizado; con palabras de aliento para quien tiene mayores dificultades; reforzando las actitudes positivas; poner al corriente a quien estuvo enfermo, implementando las estrategias y elementos necesarios para lograr un mejor aprendizaje.

Lo mismo sucede al corregir con serenidad y comprensión, y en la medida de lo posible, sin poner en evidencia al alumno delante de los demás; controlando la impaciencia, el enojo y hasta el mal humor provocado por circunstancias ajenas y personales.

La empatía exige un esfuerzo cotidiano por superar el propio estado de ánimo, la poca afinidad con determinadas personas, las preocupaciones, el cansancio y otros tantos inconvenientes que afectan a los seres humanos. Por tanto, este valor permite hacer un trabajo con mejor calidad profesional y humana al mismo tiempo. Y si alguna vez se mete la pata y no estamos a la altura de lo que de nosotros se espera resulta buenísimo PEDIR PERDÓN.


Coherencia

Todo maestro representa autoridad, disciplina, orden, dedicación y verdadero interés por las personas, y partiendo de esta base, el ser coherente supone trasladar a la vida personal las mismas actitudes que se exigen en el aula.

Por ejemplo, es fácil pedir que los alumnos cumplan con sus trabajos puntualmente, completos, en orden y con pulcritud, pero esto exige revisar, corregir, hacer observaciones por escrito y entregar los resultados con la misma puntualidad solicitada.

Lo mismo sucede con el vocabulario, las posturas, el arreglo personal, hábitos de higiene y la relación personal que se vive con los demás: amable, respetuosa, comprensiva... La actitud que toman los alumnos a la hora de clase, muchas veces es el reflejo de la personalidad del profesor; si se desea que maduren, sean responsables y educados, el ejemplo es fundamental.

De igual forma, ser coherentes abarca el cumplir con las normas establecidas por la institución: planificación, elaboración de material, seguimiento de la programación, cubrir objetivos según el calendario, participar en las actividades extraescolares, etc.

Recordemos que para exigir a los demás, es indispensable tener disciplina en la vida personal y profesional.


Sencillez

Posiblemente uno de los valores que mejor decora y ennoblece el trabajo de un maestro es la sencillez, porque permite reconocer en su labor una oportunidad de servicio y no una posición de privilegio para tener autoridad o un estupendo escenario para hacer gala de conocimientos.

Las circunstancias ponen al maestro delante de personas que necesitan de su intervención, pero la soberbia y el egocentrismo dificultan la comunicación y el correcto aprovechamiento. Lo mejor es impartir la materia con la intención de aplicar toda la experiencia, conocimientos y recursos buscando un mejor aprendizaje.

Conviene aceptar que el conocimiento propio tiene un límite y se vive en constante actualización; es muy significativo y otorga mucho prestigio, reconocer que algún aspecto del tema se desconoce, pedir oportunidad para investigar y tratar el asunto en una sesión posterior. Es preferible esto, a ser sorprendido mintiendo.

En este mismo renglón, conviene encontrar en las críticas, de compañeros y alumnos, una oportunidad para mejorar personalmente, así como aceptar los errores personales, rectificar y pedir disculpas, si es el caso.

La sencillez también se manifiesta al compartir con otros profesores la experiencia docente, dando consejos y sugerencias que faciliten a los demás su labor. De la misma manera, la docilidad con que se sigan las indicaciones de la dirección, la apertura a nuevos procedimientos o la colaboración en cualquiera de las actividades, son rasgos significativos de apertura y disponibilidad.


Lealtad

Desafortunadamente la falta de lealtad es una situación que se vive en todos los ámbitos sociales: murmuración, crítica, difamación y falta de honestidad.

Ser leal a una institución significa una completa adhesión a sus normativas, respeto por los directivos y trabajo en equipo con los compañeros. Por supuesto que no siempre se estará de acuerdo con todo, pero habrá que distinguir las legítimas discrepancias para actuar acertadamente: si personalmente nos incomoda u objetivamente es un caso que requiere mayor estudio.

Lo primero y fundamental es manifestar las inquietudes con las personas adecuadas. Falta a la lealtad quien desahoga críticas e inconformidades a espaldas de la dirección y/o los compañeros, los amigos, padres de familia e incluso con los alumnos. Sea en forma individual o en conjunto con otras personas, estas actitudes son totalmente incorrectas y socavan gravemente la convivencia escolar .

Es obligación guardar toda confidencia respecto a las políticas y estrategias; movimientos del personal; decisiones directivas; situaciones personales de maestros y alumnos, a menos que afecten considerablemente la imagen y prestigio de la institución. No está de más recalcar que todo, absolutamente todo, debe consultarse con las personas indicadas para resolver cualquier género de circunstancias.


Alegría

Tal vez una de las figuras más atractivas es la del maestro entusiasta, siempre con una sonrisa dibujada, optimista, emprendedor; quien difícilmente se enoja, pero a la vez es estricto y exigente; disponible al diálogo; bromista pero respetuoso; capaz de comprender y dar un buen consejo...

Esta personalidad no es extraña ni ajena, pero a nadie se le ocurre pensar si tiene problemas, carencias o dificultades personales, mucho menos, preguntarse cual es la fuente de su alegría y serenidad.

Para lograr vivir este valor hace falta esfuerzo y madurez, es decir, dejar los problemas personales para el momento y lugar oportuno, nunca para desahogarse en el aula; concentrar toda la atención en lo que se hace: preparación, elaboración, exposición y conducción de la clase; buscar como ayudar a los demás a solucionar los problemas propios del aprendizaje; planear actividades diferentes: recorrido cultural, película, asistir a un evento, etc., o dedicar unos momentos a charlar con los colegas.

Si observamos con cuidado, la alegría proviene de una actitud de servicio, otorgando el tiempo necesario y los propios conocimientos para el beneficio ajeno. La satisfacción de cumplir con el deber siempre tendrá sus frutos, muchas veces sin aplausos, pero si con las muestras de aprecio, el agradecimiento de un solo alumno o simplemente con los excelentes resultados obtenidos.


No pensemos que es maestro sólo aquel que imparte clases a niños o jóvenes, también quienes participan en los centros de capacitación de las empresas y las instituciones con cursos especializados, por mencionar algunos.

La sociedad actual puede recibir un gran beneficio a través de profesores especializados en cualquier área del conocimiento, la técnica o la cultura, pero también hace falta ser un verdadero apoyo a la familia, líder y ejemplo de integridad, honestidad profesional y de valores humanos.

Y no olviden que los maestros estamos en el aula un tiempo determinado, pero somos maestros todo el día. Y los padres no estáis con vuestros hijos un tiempo determinado, pero sois padres para toda la vida.

 
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Para reflexionar sobre la Vida




¿Sabemos lo que nos jugamos?.- Seamos serios por un momento. Lo que se ventila con la nueva ley del aborto es de tal calado que supone una rotura con los presupuestos sobre los que se ha edificado nuestro presente y con los que hasta ahora se atisbaba que se podría construir el futuro.

De salir adelante la ley del aborto propuesta por el gobierno se produciría un cambio sustancial en la actual estructura social y en nuestra convivencia. Para darnos una idea, un cambio más importante del que seguiría a la independencia de cualquier comunidad autónoma si se diese, por ejemplo. Si se aprobase esta ley simplemente dejaríamos de ser lo que somos.

Hasta ahora hemos tenido en España gobiernos más o menos abortistas, leyes más o menos saludables, pero dentro de un marco en el que se hace soportable la injusticia. La ley de plazos vigente en sí misma (otra cosa es la aplicación que se ha hecho) no atenta contra la obediencia debida de toda la ciudadanía. Pero lo que se avecina ahora es muy distinto. Al estipular el aborto como un derecho consagrado por ley y, con el tiempo lo veremos, aceptado por el Tribunal Constitucional, lo que el gobierno pretende es convertir a España en un estado constitutiva y activamente abortista. Pasamos del accidente a la esencia. Y esto no lo podemos consentir de ninguna de las maneras.

Un estado esencialmente abortista hace a todos sus ciudadanos, en cuanto que contribuyentes,  cómplices en la barbarie. Ya no dependerá de la aplicación de la ley. Ya no se podrá aspirar a que, como ha ocurrido en Navarra durante muchos años, no se practicaran abortos a pesar de los supuestos despenalizados. Estamos ante un nuevo orden que priva al ciudadano común y corriente de la esperanza de la justicia. Si la nueva ley sale adelante al ciudadano moral solo le quedarán dos opciones de coherencia legítimas: objetar del estado o emigrar.

¿Se ha debatido sobre lo que expongo? ¿Hemos sido informados de lo que realmente se trata? ¿Nos damos cuenta de lo que nos estamos jugando? Algún ingenuo podrá pensar que no es para tanto: que nuestros gobernantes son tolerantes y que se respetará la objeción de conciencia y las creencias y que realmente el estado seguirá teniendo, como hasta ahora, solo una circunstancial implicación en la conculcación del derecho a la vida.

En definitiva, que si uno no quiere contribuir al crimen del aborto podrá no hacerlo ¿En serio? ¿Alguien se cree a estas alturas que nuestros políticos defienden la justicia, la vida y la libertad, por encima de sus intereses sectarios y fobias?  ¿En qué cabeza cabe que los mismos que han perseguido a la familia, han impuesto su credo (laicista), o vaciado el acervo moral de una sociedad sin tener mandato para ello, vayan a dejar de hacerlo con la ley y todos los resortes del estado de su parte?

Es verdad que no hay mal que cien años dure, ni cuerpo que lo resista, pero ¿podemos aceptar todo lo que se nos viene encima en silencio? Cuando las próximas generaciones se espanten del genocidio que estamos permitiendo y que la nueva ley va a dar carta de naturaleza y nos pregunten: y tú, ¿qué hiciste? ¿Cuál será la respuesta?

Yo simplemente contestaré: estuve en Madrid el 17 de octubre.

José Pérez Adán, profesor de Sociología, Universidad de Valencia

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